Omega por MorenteLA REVOLUCIÓN DEL FLAMENCO INSPIRADA POR LORCA
En 1994 se produjo en Granada un encuentro especial entre dos gigantes de la música: Enrique Morente y Leonard Cohen. La excusa: echar una ligá hablando de la obra de Federico García Lorca. El resultado (tras una prolongada serie de aventuras y desventuras): Omega, uno de los álbumes más destacados de la música española y el que dinamitó los cimientos del flamenco.
De la mano de los rockeros granaínos Lagartija Nick y con el acompañamiento de artistas de la categoría de Vicente Amigo, Cañizares, Montoyita, Tomatito y unos cuantos más, versionaron los poemas del vanguardista libro Poeta en Nueva York y las canciones del propio Cohen.
La canción seleccionada para este caligrama es la que abre y da nombre al disco: Omega (Poema para los muertos), una obra maestra digna de un revolucionario que fusionó flamenco y rock dando como resultado una gozada para los sentidos. Su letra intercala Omega, poema para muertos (del poemario Tierra y Luna, una colección de poemas vanguardistas inédita durante muchos años) con algunos versos de Luna y panorama de los insectos. Poema de amor, de Poeta en Nueva York. Del mismo modo, la canción se completa con algunas estrofas propias de los cantes flamencos más tradiconales, adaptados a la modernidad por el genio que fue Enrique Morente.
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Enrique MorenteFLAMENCO, ROCKERO, LORQUIANO Y ADEMÁS GRANAÍNO
(Granada, 1942 — Madrid, 2010) no fue simplemente un cantaor, ni siquiera uno de los renovadores del género, sino un auténtico revolucionario del flamenco. Nacido en el corazón del Albayzín, el barrio más emblemático de Granada, desde muy joven se interesó por el cante, hasta el punto de que con apenas quince años viajó hasta Madrid dispuesto a hacer carrera. Allí contactó con artistas como Pepe el de la Matrona y comenzó a ganarse un hueco en ese particular y oscuro mundillo nocturno con el nombre de Enrique el Granaíno.
Formando parte del Ballet de Mariemma llegó a actuar en la Feria Mundial de Nueva York y en la embajada española de Whasington en el año 64; así como compartir cartel en festivales flamencos con Antonio Mairena, Fernanda y Bernarda de Utrera entro muchos otros de gran relevancia. En 1967 lanzó su primer disco titulado Cante Flamenco con el sello Hispavox, por el que obtuvo una prestigiosa Mención Especial de la Cátedra de Flamencología, lo cual supuso su despegue definitivo y el inicio de su relación profesional con Manolo Sanlúcar y el posterior éxito y reconocimiento internacional.
A partir de los años 80, un ya consagrado Morente ascendió un escalón más en su audacia musical con el estreno de El loco romántico, basado en la obra Don Quijote de la Mancha de Cervantes; y Misa flamenca, adaptando textos de grandes autores clásicos como San Juan de la Cruz o Lope de Vega entre otros. Sin embargo, aunque parezca sorprendente, no fue hasta 1988 cuando realizó su primer acercamiento a la obra lorquiana, con la grabación de En la Casa Museo de Federico García Lorca por encargo del entonces director del lugar, Juan de Loxa.
Autodefinido como músico de alma rockera, su encuentro en 1995 con Leonard Cohen, poeta excelso y el cantautor canadiense más internacional propició la posterior grabación de Omega de la mano de los rockeros granadinos Lagartija Nick. Reunidos junto a artistas de la categoría de Vicente Amigo, Tomatito o Cañizares firmaron un disco que se convirtió en todo un referente, abriendo la puerta de la revolución del flamenco fusionándolo con rock, jazz y músicas de influencias internacionales.
Enrique Morente murió en 2010 mientras se sometía a una cirugía por un tumor de esófago. Dejó un inmenso vacío en el mundo de la música y la cultura españolas, así como una carrera llena de éxitos y reconocimientos, pero sobre todo, el cariño y el recuerdo eterno que solo puede dejar un artista inmenso.
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Tierra y Luna;
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Por otra parte, de Poeta en Nueva York poco más se puede decir. Es la cumbre poética de Federico García Lorca, y sigue siendo uno de los libros de poesía más traducidos, vendidos y por supuesto influyentes. Aparte de estar considerado por grandes expertos en la materia como una de las obras poéticas más importantes del género, así como el libro de poesía más importante jamás escrito sobre la ciudad de Nueva York.
Herido de amor y aconsejado por su mentor Fernando de los Ríos, Federico viajó hasta EEUU (y posteriormente a Cuba) en junio de 1929 para realizar una estancia en la Universidad de Columbia y participar en una serie de conferencias. Una vez allí, quedó sobrecogido por la grandiosidad de la nueva era tecnológica y las contradicciones de la sociedad usoniana, así como fue testigo de las enormes injusticias vividas por las minorías. La profunda crisis que sufría el capitalismo culminó con el crack de la bolsa de noviembre de la que el poeta fue testigo. Por otra parte, entró en contacto con el mundo de los negros y la naciente cultura del jazz, en las cuales halló grandes semejanzas con el flamenco y los gitanos que había inspirado su Poema del Cante Jondo y Romancero Gitano.
Federico escribió las composiciones recogidas en Poeta en Nueva York durante su estancia en EEUU y Cuba, entre junio de 1929 y marzo del año siguiente. Fueron incluso motivo de conferencias impartidas por el poeta, pero debido a su prematuro asesinato en agosto de 1936, no llegó a ver publicado el libro. Poco antes había entregado a José Bergamín el original, mitad mecanografiado, mitad manuscrito, y fue este quién lo llevó consigo al exilio. Al fin, la considerada por el propio Lorca como una de sus mejores obras en el terreno de la poesía, fue publicada en 1940 de manera simultánea en México y EEUU, aunque con notables diferencias.
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OmegaLA HISTORIA DE UN DISCO QUE CAMBIÓ EL FLAMENCO
Las mejores cosas en esta vida a veces surgen de una manera casual, sin pretensiones ni aspiraciones de llegar a nada concreto, sino simplemente dejar que la situación fluya y ver hasta dónde te lleva. Corría el ya lejano año 93 cuando Alberto Manzano, traductor al español y biógrafo de Leonard Cohen maduró la idea de realizar unas adaptaciones flamencas de las letras del poeta y cantautor canadiense. Por lo que sea, en la conversación apareció como sugerencia el nombre de Enrique Morente. Tan solo unos meses después, ambos músicos pudieron encontrarse en Granada durante una gira de Cohen y compartir mesa, mantel y conversación. Siendo Leonard el más internacional de quienes han interpertado los textos de Federico, y Enrique el más granaíno -con el permiso de Carlos Cano-, a lo que en principio iban a ser unas versiones flamencas de las canciones de Cohen se fue añadiendo la promesa de reinterpretación de las adaptaciones que el montrealense había grabado en los años ochenta de Poeta en Nueva York.
Flamenquizar a Cohen parecía algo audaz incluso para Morente, rey de los osados, lo cual no fue obstáculo para que comenzaran los ensayos con un objetivo en el horizonte... pero sin rumbo claro. Enrique, quien tocaba con estos y con aquellos y era amigo de todo el mundo, estaba manteniendo un día cualquiera una conversación de bar con los hermanos Jesús (crítico y periodista musical y uno de los mejores amigos en España del mítico Joe Strummer) y Antonio Arias (líder de los Lagartija Nick), cuando les dijo que tenían que grabar algo juntos. Como dijo el propio Antonio al recordar esta historia en el documental Omega (de José Sánchez Montes y Gervasio Iglesias): si Enrique te decía vamos, lo dejabas todo. Y para el estudio de Armilla que se fueron todos a grabar.
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Morente era uno de esos músicos visionarios que advierten cosas que el resto de los mundanos tardan tiempo en percibir. Siempre afirmó que sentía que su alma era rockera, y que no siguió por aquel camino porque en la España tardofranquista de su juventud resultaba más sencillo tirar por el lado del flamenco que por el del rock. Algo vería en el ímpetu juvenil de Lagartija Nick -quienes eran unos novatos luchando por consolidar su carrera musical dentro del neo punk rock- que le hizo creer con determinación que serían su mejor compañía para aquel desafío. Con la perspectiva que da el tiempo, hoy resulta más fácil valorar que Omega nunca habría visto la luz sin la dedicación, el control y la visión global del proyecto que aportó Antonio Arias.
Como era de esperar, no fue un camino sencillo. Mientras en el estudio entraba gente y más gente de todo pelaje que iban haciendo que aquella torre de Babel no dejase de crecer, Morente iba grabando y grabando versión tras versión de las mismas canciones y poemas. A la vez, Antonio controlaba la parte técnica y apuntaba todo en un macro libro de notas que hoy en día es una joya de museo. Lejos de allí, en las oficinas madrileñas, a la discográfica no le pareció que aquel viaje fuese hacia ningún lado, así que a mitad de grabación se quedaron sin productora ni distribuidora. Y en este punto de la historia es donde entran en juego los valientes de El Europeo, la empresa editora de una revista cultural, que se atrevió con todo e hicieron posible la genialidad que se estaba gestando en Granada.
El recibimiento fue dispar. En las primeras apariciones de Morente + Lagartija no podía ser malo, se trataba del público de la banda (y además contaron con la presencia de familiares y amigos de Lorca). Sin embargo, la acogida por parte del mundo flamenco se dividió entre tímidos aplausos y furibundos abucheos. No obstante, el tiempo dio la razón a Morente: Omega alcanzó un éxito insólito hasta el momento para un propuesta flamenca, arrasando en festivales zomo Zaidin Rock, Primavera Sound y otros. Según palabras del propio cantaor, demostró que el flamenco no era algo para minorías. De hecho, la propuesta en directo de Omega fue tan aclamada que, más allá de las actuaciones habituales de los primeros años, se estuvo interpretando hasta 2003, cuando los componentes diero por finalizada la aventura tras una emotiva visita a Nueva York.
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EL POEMA PARA MUERTOS SEGÚN MORENTE
El disco original de Omega está compuesto por trece pistas musicales: tres adaptan canciones originales de Leonard Cohen y nueve interpretan los poemas de Federico García Lorca. En el caso de Pequeño vals vienés utiliza la música compuesta por Leonard Cohen en su versión Take This Waltz de 1998. Por otra parte, todos los poemas están tomados de Poeta en Nueva York a excepción del protagonista del presente homenaje, Omega. Poema para muertos; uno de los originalmente pertenecientes a Tierra y Luna que no se incluyó en ninguna edición póstuma de la obra poética de Lorca.
La Omega de Morente es una cancón magna de casi once minutos y que hace gala de una oscuridad y complejidad dignas de Lorca. En el poema original Federico expresa su dolor ante la visión desoladadora de la vida neoyorkina y los espantos que presenció durante su estancia en la ciudad. Si a ese simbolismo surrealista de gran complejidad de la obra lorquiana le sumamos el añadido flamenco de Morente, el resultado es una obra ante la que no queda más que detenerse a sentir aquello que quiere expresarnos sin necesidad de verbalizarlo o dejarlo por escrito.
Haciendo un análisis más formal de la canción, Morente la inicia con unos versos tomados dede Luna y panorama de los insectos. Poema de amor, de Poeta en Nueva York (resaltados en color azul a continuación), aunque invierte los términos, en opinión de este humilde autor, por mera funcionalidad musical. Pero este hecho también influye en gran manera para hacer que la complejidad de la composición aumente. Musicalmente, la apertura transita transita en un brumoso crescendo de coros acompasados a las guitarras flamencas y eléctricas que rompe con el inicio del siguiente grupo de estrofas.
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Letra de la versión de Morente
Como la noche interminable
cuando se apoyaban en los enfermos y hay barcos que buscan terminar para poder irse tranquilos para poder irse tranquilos para poder irse tranquilos Si cada aldea tuviera una sirena mi corazón tendría la forma de un zapato. |
Versos originales de Federico García Lorca.
De Luna y panorama de los insectos. Poema de amor. (Poeta en Nueva York) Mi corazón tendría la forma de un zapato
si cada aldea tuviera ua sirena./ Pero la noche es interminable cuando se apoya en los enfermos/ y hay barcos que buscan ser mirados para poder hundirse tranquilos. |
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A continuación llega la primera inclusión del Poema para muertos (resaltada en verde), donde Morente vuelve a hacer una inversión de los versos, pero no tan evidente como en en el inicio. Estas estrofas dan paso a la parte más flamenca de la canción (resaltada en amarillo), en la que el cantaor incluye unos versos tradicionales del género del que era un maestro de maestros para así aumentar el eclecticismo de la mezcla.
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Letra de la versión de Morente
Y las hierbas, espera!
¡Las hierbas, espera! No solloces, silencio, que no nos sientan, que no nos sientan Tengo un guante de mercurio y otro de seda, y otro de seda Se cayeron las estatuas al abrirse la gran puerta Yo me cortaré la mano, me cortaré la mano derecha Tengo un guante de mercurio, de mercurio y otro de seda Se cayeron las estatuas, ¡ay! Que y al abrirse la gran puerta, y al abrirse la gran puerta |
De Omega. Poema para muertos. (Tierra y Luna)
Las hierbas.
Yo me cortaré la mano derecha. Espera. Las hierbas. Tengo un guante de mercurio y otro de seda. Espera. ¡Las hierbas! No solloces. Silencio. Que no nos sientan. Espera. ¡Las hierbas! Se cayeron las estatuas al abrirse la gran puerta. ¡¡Las hierbas!! |
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Letra de la versión de Morente
Aqueos
Los golpes Aqueos Por Dios Que se le arrancan Se le arrancan de fatiga Las alas, las alas a mi corazón |
Estos versos tienen origen en cantes flamencos.
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El resto de la canción alterna diferentes reinterpretaciones de Omega con insertos flamencos, acompañado y culminado todo el conjunto por las voces del coro hasta llegar a la apoteósis final iniciada con el potentísimo redoble de batería que da rienda suelta a la parte más eléctrica y desatada de una canción que es por derecho propio vanguardia pura.
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Letra de la versión de Morente
No solloces, silencio, que no nos sientan, que no nos sientan.
Tengo un guante de mercurio y otro de seda, y otro de seda. Se cayeron las estatuas al abrirse la gran puerta. ¡Las hierbas! ¡Las hierbas! ¡Las hierbas! |
De Omega. Poema para muertos. (Tierra y Luna)
Las hierbas.
Yo me cortaré la mano derecha. Espera. Las hierbas. Tengo un guante de mercurio y otro de seda. Espera. ¡Las hierbas! No solloces. Silencio. Que no nos sientan. Espera. ¡Las hierbas! Se cayeron las estatuas al abrirse la gran puerta. ¡¡Las hierbas!! |
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Letra de la versión de Morente
Tú vienes vendiendo flores
Tú vienes vendiendo flores. Las tuyas son amarillas Las mías de to'os colores. (Lo repite otra vez) |
De nuevo incluyo versos con origen en cantes flamencos.
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Letra de la versión de Morente
No solloces, silencio
Silencio, que no nos sientan. Se cayeron las estatuas Al abrirse la gran puerta. (Lo repite dos veces más) No solloces, silencio Silencio, que no nos sientan. Se cayeron las estatuas Al abrirse la gran puerta. No solloces, silencio Silencio, que no nos sientan. Se cayeron las estatuas Al abrirse la gran puerta. |
De Omega. Poema para muertos. (Tierra y Luna)
Las hierbas.
Yo me cortaré la mano derecha. Espera. Las hierbas. Tengo un guante de mercurio y otro de seda. Espera. ¡Las hierbas! No solloces. Silencio. Que no nos sientan. Espera. ¡Las hierbas! Se cayeron las estatuas al abrirse la gran puerta. ¡¡Las hierbas!! |
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HOMENAJE AL INTÉRPRETE
El caligrama protagonista de esta obra que homenajea a Enrique Morente, intérprete de la obra de Federico García Lorca tiene un predominio de tonos oscuros representan la compleja oscuridad de Omega y Poeta en Nueva York. El protagonismo de la obra lo monopoliza el cantaor, quien aparece en pleno trance pintado en tonos grisáceos que se confunden con el fondo, salvo el rostro y el dorso de la mano que emergen luminosos en blanco roto. En el lateral, a la derecha del brazo alzado de Morente, se puede leer en tono gris el texto original de Omega. Poema para muertos. Entre el cantaor y su propia mano y fusionándose sobre parte de la ropa, se lee en tono blanco crudo Luna y Panorama de los insectos, pero en la versión que abre la canción y los dos insertos flamencos con los que Morente remata la obra maestra.
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